Vistas de página en total

jueves, 25 de julio de 2019


Amigos el nuevo cuento. En este caso algo que ya hemos hecho, un cuento que dividimos en dos por su extensión, aquí la primera parte y en el mes de agosto estará la segunda parte. Recuerden que ahora tanto en Facebook como en el blog se publican las mismas historias.
También pueden seguirnos en Instagram donde publicamos las mismas historias (pero con más lentitud), lo encontrarán como: cuentos ab (y verán que está el mismo logo).
Les pedimos nos SIGAN en todo las estas redes sociales, DIFUNDAN y COMPARTAN las publicaciones para que Cuentos AB vuelva a tener el número de seguidores que supo tener antes de que Facebook cerrará la página (cercanos a los 5000)
Por último vuelve a estar a la venta el libro “El instituto AB” en formato pdf, cualquier interesado escribe por privado
Ahora sí, a leer, disfrutar y comentar.

Mis días como bebé (1° parte)

Corría tan rápido como podía porque llegaba tarde a mi trabajo. En una esquina doblé y lo último que recuerdo fue un enorme bate de beisbol acercarse a mi cara.
Cuando desperté me encontraba en una habitación desconocida, miré a un lado y a otro confundido. Apenas me moví noté cierta incomodidad en mí, tardé en descubrir de que se trataba, al fin me incorporé un poco para ver que tenía un gran pañal blanco. Cuando lo quise tocar, vi que mí manos estaban cubierta con grandes guanteletes sin dedos como los que usan los bebés. De mi boca no se escapó ningún sonido puesto que llevaba un chupete con correa. En mi desesperación volví a mirar a mí alrededor y para mi sorpresa descubrí que estaba en una cuna, de mi tamaño, pero cuna al fin. La baranda era tan alta que me era imposible espacapr de allí. Intenté quitar las trabas de seguridad, pero los guantes volvían torpe mis manos.
Intenté calmar mi mente y por tercera vez inspeccioné la habitación, era como la de un bebé, pero por lo que llegaba a ver era todo de mayor tamaño. Sobre un gran mueble cambiador había al menos una decena de pañales, distinguí sobre un sillón ropita de bebé pero de mayor tamaño, y además juguetes por doquier.
Poco a poco en mi mente se fue formulando que quien me había secuestrado me tenía allí como un bebé. Aquella idea hizo que la desesperación se apoderada de mi otra vez. Sin embargo pasó a un segundo plano cuando sentí la necesidad de desagotar mi vejiga. El problema, claro está no podía moverme de donde estaba. Miré hacia mi entrepierna y vi el gran pañal.
-Y si hiciera… Claro que no –deseché la loca idea enseguida.
La presión seguía aumentando y mis fuerzas eran cada vez más escasas. Al fin me tragué mi orgullo y dejé de aguantarme. Pude sentir como el pipi se desparramaba en el pañal que se volvió más pesado y se tiño de un color amarillento. Jamás había usado un pañal, por lo cual me llamó la atención el hecho de que a pesar de todo el pipi que expulsé me sentía seco.
Humillado me recosté y empecé a llorar. A los pocos minutos se presentó una joven mujer, era muy bella, con un largo cabello rojizo, y vestía un camión muy sexy.
-¿Qué pasa mi bebito? –exclamó acercándose a mí.
Mis intentos por decir algo se vieron impedidos por el chupete, apenas salieron algunos sonidos guturales que me hacían parecer más un bebé.
-Ahh mi bebito está queriendo aprender a hablar –me palpó el asqueroso pañal –. Ah, ya veo, lo mojaste. Pero no llores mami te cambia.
La mujer destrabó una de la barandas de la cuna, vi mi oportunidad, tan rápido como pude me bajé y quise dirigirme a la puerta de salida, pero mis pies me fallaron, casi no tenían fuerzas. Caí al piso, y una vez más parecía un bebé intentando gatear.
-Aún eres muy chiquito para caminar –me dijo la mujer.
Con increíble fuerza me alzó en brazos y me llevó a un mueble cambiador. Me recostó y empezó a quitarme el pañal, quise resistirme, pero mis brazos tampoco tenían fuerzas.
-Ya, ya bebito, hay que sacar este pañalito todo cochino.
Finalmente su fuerza fue más y me sacó el pañal, intente tapar mis partes de la vergüenza, pero ella apartó mis manos.
-Bebito, mami sabe bien que hay ahí y no le da pena.
Me acomodó debajo de mi cola un pañal, me roció de talco mi cola y mis partes y la distribuyó con sus manos, luego puso algo de talco en el pañal y lo cerró con fuerzas a la altura del ombligo. Volvió a abrochar mi enterito a la altura de la entre pierna.
Intenté preguntar qué pasaba allí por medio de gestos, pero la mujer respondía a ellos como si solo se tratara de un juego infantil entre la mamá y el bebé.
Comenzaba a darme cuenta que aquella mujer estaba desquiciada, y yo empezaba a enloquecer también.
Luego del cambio de pañales, me llevó en brazos hasta un corralito lleno de juguetes, me dejó allí dentro animándome a que me divirtiera con lo que me había dado, mientras ella me tomaba fotografías como si yo fuera un bebé de verdad. Desde luego me rehusé.
-Bebito, sé que te está costando acostumbrarte a todo esto nuevo, pero mientras más rápido lo hagas mejor para todos. Te puedo asegurar que voy a ser una mami súper dulce que te va a dar todas sus atenciones, lo único que pido es que seas un buen bebé.
Con mis manos le hice señas de que estaba loca, desde luego no le gusto. Con increíble fuerza me levantó, me puso en su regazo y empezó a dar nalgueadas.
-Eso no es ser un buen bebé –repetía una y otra vez.
Me impresionaba la fuerza que tenía, y sus golpes, a pesar del abultado pañal, podía sentirlos y eran muy dolorosos. Luego de la reprimenda volvió a dejarme en el corralito y por medio de gestos me indicó que jugará. Para evitar otro castigo físico accedí aunque sin saber muy bien que hacer, pero lo poco hecho pareció satisfacer a mi nueva “mami”.
Así pase gran parte de mi primer día como un bebé. Pese a mi resistencia mojé el pañal dos veces más a lo largo del día, y debí pasar por la humillante situación de ser cambiado, claro que a la mujer que me atendía no parcia molestarle, más bien lo contrario la satisfacía ver en mis actitudes propias de un bebé.
Cerca de la noche me volvió a costar en la cuna alta, cerró con candado los barrotes y cantó una canción de cuna para que me duerma. Una vez solo, me costó mucho conciliar el sueño, no podía parar de pensar en lo que estaba viviendo, por otro lado moría de hambre y para finalizar el horrible pañal que llevaba puesto no dejaba de hacer ruido cada vez que me movía, como si fuera una bolsa de plástico.
Entrada la madrugada finalmente el cansancio me venció y me dormí. No estoy seguro de a que hora desperté solo recuerdo que aquella desquiciada mujer me observaba con una expresión de ternura que pocas veces vi.
-¿Al fin se despertó mi bebito dormilón? –exclamó.
Palpó mi pañal, y notó que estaba seco.
-De seguro tienes mucha hambre –asentí con la cabeza -. Bien.
Procedió a retirarme de la cuna, me llevó en alzas hasta una silla y allí se sentó y me colocó en su regazo.
-Ahora voy a quitarte el chupete, si hablas no habrá comida –volví a asentir con la cabeza.
Me quitó la correa y sentí un gran alivio. Luego se abrió la camisa y me ofreció uno de sus pechos que ya comenzaba a gotear leche. Desde luego que no era lo que deseaba, pero mi hambre de varios días y la sed fueron más fuerte. Como si fuera un verdadero bebé me lancé con desesperación y succioné como loco. El líquido era más pastoso y de sabor dulzón al principio hasta hacer más liquido luego. El sabor no era de mi agrado, pero la sensación de que algo tibio estuviera llenando mi estómago era satisfactorio.
-Tranquilo, bebito, hay mucho –repetía ella al tiempo de que se presionaba los pechos para que la leche saliera con más fuerza.
Cuando vacié un pecho continué con el otro.
En medio de la succión sentía que me vejiga iba a estallar, pero no quería interrumpir el banquete, así que con menos vergüenza que el día anterior solté el pipi para que el pañal se encargara, el mismo se volvió terriblemente pesado y se infló muchísimo.
-Que buen bebito que sos  -dijo la mujer al notar el estado del pañal.
Terminada la comida si procedió a cambiarme, desechó el pañal húmedo y amarillento y acomodó uno nuevo debajo de mi colita. Me roció con talco y al pañal también, lo cruzó por entre mis piernas y al cerrarlo lo apretó con fuerza con lo abrojos.
-¿Por qué…? –atiné a decir tímidamente durante el cambio.
-Shhh –me colocó el chupete -. Lo único importante es que borres esa vida aburrida de adulto que tenías, y te centres en ser un buen y dulce bebé.


martes, 2 de julio de 2019


Amigos el nuevo mini-cuento. Recuerden que ahora tanto en Facebook como en el blog se publican las mismas historias.
También pueden seguirnos en Instagram donde publicamos las mismas historias (pero con más lentitud), lo encontrarán como: cuentos ab (y verán que está el mismo logo).
Les pedimos nos SIGAN en todo las estas redes sociales, DIFUNDAN y COMPARTAN las publicaciones para que Cuentos AB vuelva a tener el número de seguidores que supo tener antes de que Facebook cerrará la página (cercanos a los 5000)
Por último vuelve a estar a la venta el libro “El instituto AB” en formato pdf, cualquier interesado escribe por privado
Ahora sí, a leer, disfrutar y comentar.


miércoles, 19 de junio de 2019




Amigos el nuevo cuento, en este caso la ampliación de un mini-cuento Recuerden que ahora tanto en Facebook como en el blog se publican las mismas historias.
También pueden seguirnos en Instagram donde publicamos las mismas historias (pero con más lentitud), lo encontrarán como: cuentos ab (y verán que está el mismo logo).
Les pedimos nos SIGAN en todo las estas redes sociales, DIFUNDAN y COMPARTAN las publicaciones para que Cuentos AB vuelva a tener el número de seguidores que supo tener antes de que Facebook cerrará la página (cercanos a los 5000)
Por último vuelve a estar a la venta el libro “El instituto AB” en formato pdf, cualquier interesado escribe por privado
Ahora sí, a leer, disfrutar y comentar.



La mami-hermana

A partir de aquel evento, la vida de Carla fue desastrosa. Por accidente su hermana habia tropezado y para evitar caer se agarró de ella, el resultado dejó expuesto ante toda su familia que Carla usaba pañales. Para peor ya había hecho tanto pipi, que estaba tan inflado y amarillento que llamó más la atención de todos los presentes.
En los siguientes días la joven no salía de su depresión. A la humillación se había sumado la prohibición de sus padres a volver a usar pañales. Su hermana, Maguí, intentó ayudarla y de paso enmendar su error, pero nada parecía funcionar.
Un tiempo después, los padres de ambas se tomaron un fin de semana de descanso, y las niñas permanecieron solas en la casa. Magui aprovechó estaa oportunidad para desarrollar un plan que levantara el ánimo a su hermana.
Buscó entre las ropas de sus padres el paquete de pañales que le habían quitado a Cala. Además compró toallitas húmedas, y otros utensillos típicos de bebé.
Carla que aún dormía, se depertó al sentir que alguien la tocaba. Abrió los ojos, con pesadez en los parpados, pero se sorprendió al ver que su hermana le quitaba la ropa.
-¡¿Qué haces?! –inquirió molesta.
-Te cambio, esta ropita de adulto no es apropiada para una bebita como vos.
Carla se puso roja como un tomate, se sentía avergonzada, pero al ver un pañal no se resitió. Quería volver a sentir esa textura en su piel, el olor del pañal limpio, y sobre todo volver a hacer pipí en él, y sentirlo seco y pesado.
Volvió a acostarse y permitió a Magui quitarle toda la ropa. Ésta le levantó los pies y le acomodó debajo de la cola un pañal, antes de que lo cerrara, le roció sus partecitas y el trasero con talco. Carla se estremeció de placer, volvia a tener un pañal. Saltó de la cama y fue directo a al espejo a admirarse, le encantaba el pañal, lleno de dibujos infantlesy extremadamente abultado.
Con una energía renovada se arrojó sobre su hermana y la abrazó.
-Me alegra de que estes feliz, pero esto recien empeiza, bebita –explicó mostrandole una mamadera cargada de leche tibia.
Las dos hermanas llegaron hasta la cocina. Mientras Carla se sentaba en una silla, Magui le ataba al cuello un gran babero rosa con imágenes de princesas. Con un cariño maternal le dio de beber la leche. Mientras Carla succionaba con alegría, su hermana le acariciaba la cabeza.
-Así, bebita, muy bien –repetía.
Finalizado el desayuno, llegó el momento de desagotar la vejiga y la adult baby no lo dudó. Aflojó sus piernas y dejó escapar todo el pipí acumulado de la noche. La situación fue gratificante, sintió como el líquido tibio se escapaba de entre sus piernas para depositarse y ser absorbido inmediatamente por el pañal, el cual se volvía pesado y se teñía de un color amarillento.
Al percatarse de esto Magui quiso cambiarla, pero Carla la detuvo. Una parte de usar pañales era el tenerlo así un buen rato, sentirlo pesado, lleno, y cada tanto estrujarlo fuerte con sus manos, y sentir todo el pipí acumulado en él.
-Lo que tú quieras bebita  -exclamó su hermana con el fin de hacer todo lo posible por mantener la alegría de su hermana.
Magui tenía todo planificado para poder aprovechar cada minuto de aquel fin de semana en pañales. Por ello después de que Carla hiciera sus necesidades, la hizo subir a un cochecito de bebé viejo que había encontrado en el garaje. Le ajustó las tiras de seguridad y la sacó a dar una vuelta por el patio de la casa. Carla gritaba y hablaba como si fuera un verdadero bebé que disfruta del paseo.
El paseo duró cerca de quince minutos, tiempo para el cual fue necesario un primer cambio de pañales, y que Carla había vuelto a hacer pipí en ellos y ya comenzaba a escurrirse.
Magui acostó a su hermana sobre un cambiador plástico, le quitó el asqueroso pañal húmedo, y le limpió las partecitas con toallitas húmedas, luego le acomodó un nuevo pañal debajo de la cola, la roció con talco, y cerró el pañal con fuerza por encima del ombligo. Le puso un gran vestido rosa sumamente infantil, lleno de voladitos y tan corto que no ocultaba el gran pañal blanco.
En el fondo a Carla le daba pena que su hermana menor la tratara como un bebé, pero lo cierto es que se le estaba haciendo realidad un sueño de toda la vida: el tener un fin de semana como bebé y que alguien la atendiera. Tampoco parecía a Magui molestarle su nuevo rol de hermana-mami. Al contrario parecía disfrutarlo.
La siguiente actividad fue volver al patio, pero esta vez para dar una vuelta en el triciclo. Carla llena de euforia se sentó en él, pero al ser tan pequeño le costaba mantener el equilibrio. Sin embargo la imagen final parecía la de un verdadero bebé tratando de aprender a usarlo.
Tanta diversión les dio hambre a las hermanas. El almuerzo consistió en una papilla de banana y miel, que Carla, otra vez con su babero, degustó feliz.
La tarde fue a pura diversión entre programas infantiles y canciones para bebés, Carla no paraba de reír y bailar.
A la noche ambas estaban exhaustas después de gran día. Se fueron temprano a la cama. Maguí se aseguró de que su hermana tuviera el pañal seco, luego entonó una dulce canción de cuna y la arropó con cariño.
A la mañana siguiente, lo primero fue un nuevo cambio de pañales, ya que al despertarse Carla había descargado todo el pipí. Con la misma predisposición de siempre y con mucho cariño la menor de las hermanas, le cambió los pañales.
El día continúo como el anterior, lleno de juego y paseos.
Cerca de la tarde, Magui miró a su hermana con expresión de preocupación.
-¿Qué sucede? –inquirió Carla al percatarse.
-En los casi dos días que llevas como bebé, nunca hiciste popo en el pañal ¿es que no te da ganas?
-No… es que… -se puso roja-. Jamás me hice popo en el pañal, nunca me animé.
-Y ¿Por qué no lo haces ahora?
-Es que me da vergüenza y puede ser… desagradable.
-¿Vas a perder esta oportunidad única? Y no es desagradable. A estas alturas yo ya te veo como un bebé, no como una adulta.
Tales palabras convencieron a Carla. Sin dudarlo más, se colocó de cuclillas y empezó a hacer fuerzas. Sintió el popo salir y ser contenido por el pañal que se  tiño de un color amarronado en la parte trasera y media. Su cola se puso pegajosa mientras el popo seguía y seguía saliendo. Finalizado se derrumbó exhausta en el suelo. Al caer el popo se aplastó y se desparramó más por el pañal. Carla estaba en el paraíso y Magui disfrutaba  ver feliz  su hermana y no le molestaba el fuerte olor que se había concentrado en el lugar y más en su hermana.
Con amor, la llevó hasta el cambiador. Le quitó el apestoso pañal y la limpió con cuidado, todo el popo aplastado le demandó el uso de muchas toallitas húmedas. Una vez limpia le colocó un nuevo pañal.
Así siguieron cerca de unas dos horas más. Antes de que sus padres regresan, ocultaron todo para no ser descubiertas.
Así transcurrió el mejor fin de semana de Carla. De una situación vergonzante, pasó al cumplir el sueño de ser todo un bebé.